La verdad, debajo de la farfolla, es que Italia y Suecia se echaron una siesta en Toulouse como quien echa una moneda al aire.
Italia se propuso no manejar la pelota y Suecia la secundó.
Italia procuró no manejar la pelota con De Rossi, Giaccherini y Parolo salvo en la segunda jugada.
Ese puntito de voglia di soffrire, esa magia, esa superioridad técnica objetiva, inclinó el destino contra los escandinavos.
Fue el gol definitivo y aseguró la clasificación de Italia para los octavos de final.
Fuente: http://elpais.com/deportes/2016/06/17/actualidad/1466168897_089697.html
