De alguna manera la memoria ha estropeado el mecanismo de huida y no deja de recordar a Teresa Rabal vestida de bata de cola.
El Tívoli de 2016 no es la Alemania de 1973 pero la atmósfera es la misma, como si Justo Molinero conociera todas las palancas emocionales que funcionan entre los desplazados.
Ha caído otra vez del cielo, lanzado de la nada sideral al patio de butacas del Teatre Tívoli.
Gurb o cualquiera de sus heterónimos intenta teletransportarse fuera del Tívoli pero un inesperado pesar le obliga a recorrer la lenta cola de salida.
Para la familia y amigos simplemente Gurb, el alienígena que Eduardo Mendoza hizo aterrizar hace 25 años en la Barcelona preolímpica.
Fuente: http://elpais.com/ccaa/2016/04/03/catalunya/1459717153_287953.html
