Las desafortunadas declaraciones del secretario de la Defensa Nacional a lo largo de estos meses no han logrado otra cosa que incrementar la desconfianza del pueblo de México.
Ayotzinapa es hoy la nación entera, reclamando al gobierno sus argucias y mentiras para ocultar el crimen cometido contra un grupo de jóvenes estudiantes, a los que decidieron desaparecer, por razones que ahora están obligados a hacer del conocimiento público, diciéndonos qué hicieron con ellos y, si están vivos, reintegrarlos a la sociedad de la que forman parte, en cuanto ajenos a cualquier delito.
La renuencia de las autoridades a permitir que se interrogue a los integrantes del Ejército que operan en Iguala y fueron testigos de los hechos o pudieron participar en ellos, lejos de esclarecer la verdad, ha dado lugar a la generación de todo tipo de dudas que no debieran existir, menguando la credibilidad en esa institución.
De acuerdo con el informe recientemente entregado por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y con los reportajes de la revista Proceso, Ayotzinapa representa no sólo un crimen contra esos jóvenes, sino el involucramiento de diferentes niveles y estructuras de gobierno, incluyendo las mismas fuerzas armadas, en actividades propias del crimen organizado, generando un enorme desprestigio para una de las instituciones que históricamente ha sido baluarte de la República.
Con esta consulta, La Jornada busca conocer y hacer pública la percepción de la ciudadanía en torno a este hecho que hoy ocupa un lugar importante en la conciencia colectiva de la nación, considerando que en su misión de informar un elemento de suma importancia es dar a conocer a cada uno de sus lectores y a la sociedad en su conjunto, no sólo lo que sucede en el país, sino también cuáles son los pensamientos y concepciones mayoritarias que ella misma tiene, lo cual sin duda le ayudará a tomar nuevas decisiones para resolver los problemas que la nación enfrenta.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/09/19/opinion/030a2pol
