Ahora, el destino ha querido unir la sustancia y el debate, ambos viscosos y polarizadores, en la llamada “guerra del Marmite”.
En medio de abstractas profecías de los académicos y cotizaciones fluctuantes en los remotos mercados de divisas asiáticos, la guerra del Marmite ha trasladado el debate sobre las consecuencias económicas del Brexit directamente al desayuno de los consumidores.
Está por ver si coincide con esa mitad de la población que, según las encuestas, ama el Marmite.
Las redes sociales se llenaron de fotografías de solitarios botes de Marmite en las otrora rebosantes estanterías de los supermercados.
Su sabor indescriptible está tan intrincado en la cultura británica que incluso se habla de “personas Marmite”: individuos odiosos o adorables, sin términos medios.
Fuente: http://elpais.com/economia/2016/10/14/actualidad/1476458204_423370.html
