Hillary Clinton considera que ese es el mejor consejo que jamás ha recibido de nadie.
Que eso se refleje en las urnas puede ser una liberación envenenada para que se de la hora de Hillary.
En los últimos días, Hillary Clinton desciende y sube las escaleras de su avión de campaña siempre repitiendo la misma acción: un teléfono pegado a la oreja.
Ocho años después, en ese gesto preocupado y literario que aventuramos los periodistas creemos intuir una determinación: «Esta vez no, esta vez es mi hora».
La secuencia es demasiado conocida en la biografía de Hillary como para no preocuparse.
Fuente original: La hora de Hillary | Internacional | EL PAÍS
