No habría referéndum, vociferó, porque la economía, y no la voluntad revocatoria del 80% de los venezolanos, es lo prioritario.
No solo se rehúsa a someterse al referéndum, sino que ordena aplazar sine die las elecciones regionales porque cuestan mucho dinero.
No resultaron nada halagüeñas para quienes esperaban que el Papa negro dispensara una “ayudadita” a la mesa de organizaciones opositoras.
Me late que el miércoles 26, todos atenderán su llamado a tomar, no unas cuantas avenidas y autopistas, sino a Venezuela toda.
¡Nos llaman golpistas los mismos que en 1992 acompañaron a un oficial de paracaidistas en una sangrienta intentona militar!
Fuente original: La hora de todos | Internacional | EL PAÍS
