Es una muñeca enredada en ropas, de pelo oscuro y embarrado y tiene su cara aniñada palidecida por el sol.
Este pensamiento me golpea la cabeza cuando de repente veo la muñeca de un niño flotando en un pequeño arroyo que desemboca en el mar Caribe.
Pero yo veo la muñeca… y mi corazón da un vuelco.
Una muñeca robada de los brazos de un niño, arrastrada por un arroyo tranquilo que hace tan sólo unos días se convirtió en un río «furiosamente impredecible».
El rumor de que una gran tormenta se acercaba iba de boca en boca.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/10/10/planeta_futuro/1476079984_932080.html
