–Sheila… Sheila.
El viejo nunca la había reemplazado… A pesar de todo su dinero, era un miserable, en el verdadero sentido de la palabra.
Y haberse lavado la sangre pegajosa de las manos… la sangre que había chorreado enseguida… pero no recordaba cómo, ni dónde, ni cuándo…Rance Hollingsworth tenía que morir.
–No cabía duda de que la voz que salía de esos labios rojos como la sangre era la de Sheila–.
Ver cómo la sangre le chorreaba enseguida por todo el saco y el chaleco manchados de ceniza de cigarrillo.
Fuente: http://elpais.com/cultura/2015/10/14/babelia/1444823783_447161.html
