Como si fuera una metáfora del desarraigo, su palabra tan perseguida, aquel olvido de Luz era como la declaración de un presentimiento.
Sus ojos grandes, negros, perplejo y rabioso, triste; aquella sonrisa se había desvanecido.
El exilio y sus penurias, que fueron muchas, le dejaron un carácter melancólico y acentuó la tristeza de su sonrisa desconfiada.
Lo llevaron a recitales y a ferias del libro, conquistó el corazón de muchísima gente y firmó miles de libros.
Un día, después de una de esas operaciones, le dije que convenía que se afeitara, que parecía, tan descuidado, más enfermo.
Fuente: http://elpais.com/cultura/2016/09/14/actualidad/1473853487_081828.html
