Vincent van Gogh buscó el norte para morir.
Auvers-sur-Oise habría sido un bello pueblo sin más historia si no hubiera sido porque un tal Vincent van Gogh apareció por allí a finales de julio de 1890.
Reparar el cementerio costaría otros 600.000 euros y justamente esta semana Janssens ha recibido la buena noticia de la cooperación del Museo Van Gogh de Ámsterdam.
Este último es el segundo más visitado de Francia, después del de Père-Lachaise, en París, según asegura Dominique Janssens, el presidente del Instituto Van Gogh, situado en el albergue Ravoux.
El entorno de la iglesia necesita un repaso, el camino hasta el cementerio también y el propio camposanto, donde reposan los restos de Vincent van Gogh y su hermano Theo, sufre filtraciones y carece de seguridad alguna.
Fuente: http://elpais.com/cultura/2016/09/24/actualidad/1474732119_255680.html
