En su boca, la “gente decente”, como clase, estaba de vuelta, triunfante.
El problema no es la “gente decente”, sino la ideología decentista y sus aspiraciones de control social.
En la larga noche del Brexit resurgió con fuerza un viejo y peligroso sujeto: la “gente decente”.
Como individuos, la gente decente es apreciable, necesaria, modeladora.
La gente común nuevamente era sujeto de su historia y escribiría, por sí misma, las memorables páginas que la habrían de componer.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/06/28/mexico/1467148725_728900.html
