Él sin embargo eligió probar suerte en el estudio de Will Vinton, el último reducto de la animación stop motion en EE UU.
“Con Coraline empezamos a utilizar la perfecta simbiosis entre el stop motion y técnicas industriales como la impresora 3D que nos han permitido grandes avances”, reconoce.
Durante años Knight no tuvo claro qué hacer con su fortuna.
“Hemos querido que se sienta como una gran filme épico de David Lean en animación”, describe Knight.
Todo ello además por una fracción del precio de una película de animación de Hollywood.
Fuente: http://elpais.com/cultura/2016/08/25/actualidad/1472114712_995061.html
