La verdadera corrección política, la que sí vale la pena defender, está en la manera como asumimos nuestra “vida política” y el papel correctivo que el lenguaje juega en ella.
Durante años sostuve un orgulloso desdén por la corrección política.
Pero esa no es la corrección política; es una forma más soterrada y menos disputable de la violencia lingüística.
La corrección política es un compromiso con las palabras, con la tarea cotidiana de corregir el lenguaje público para poder estar siempre reimaginando el mundo en el que queremos vivir.
Mal entendida, la corrección política es una forma de enmascarar.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/08/27/opinion/1472311931_838093.html
