¿Qué pasaría si se reescribieran los libros de texto añadiendo la parte que falta, la femenina?
Tal vez por eso en el siglo XXI las niñas siguen queriendo ser princesas en escenarios decorados de rosa o modelos a imitación de Barbie.
A la espera de que los manuales educativos se transformen, la batuta, pues, está en manos de los padres.
Las herramientas y los materiales educativos deberían partir de una perspectiva feminista, no-homófoba ni lesbófoba, antirracista y anticlasista”, señala Garbayo.
“Potenciar el pensamiento y las reivindicaciones feministas en la infancia es fundamental para generar adultos críticos y autónomos.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/03/21/eps/1458559215_292088.html
