Muchos escritores célebres hacían dibujos, pero los de Ramón confirman la sana enfermedad de quien escribe incluso cuando no está escribiendo.
A Ramón le gustaba dibujar y soltar greguerías al vuelo.
Ramón Gómez de la Serna distinguía claramente entre el dibujo de escritor y el del dibujante; decía que “con la pluma del escritor están hechos esos dibujos, de los que me siento orgulloso por lo malos que son, pues solo así no repugna a mi temperamento el amaneramiento del dibujo.
Intentan hacer más expresivo y alegre lo que va escrito, y en ninguno está afondada la monotonía abrumadora de la insistencia.
Es el pensamiento andante y la curiosidad incesante por absorber todo lo que nos rodea y por ello, bien vale cualquier intento por imitarlo.
Fuente: http://elpais.com/ccaa/2016/03/12/madrid/1457741768_288514.html
