Le señalé lo delicado del asunto, lo que podía pasar si alguien publicaba esa información con nombres y apellidos, que por otra parte estaba en la red, pública.
Y me mostró unas fotos claras y contundentes que afectaban a un juez.
Pero tengo comprobado que en España nadie ataca a un periodista: ni un triple asesino, ni un pandillero, ni un juez en apuros.
Hasta que un día me levanté y tomé la decisión: iría a ver al juez.
Yo me quedé con la insatisfacción de la incomprensión, de no saber qué le movía, de desconocer si había algo más oculto que le condicionaba como juez.
Fuente: http://elpais.com/ccaa/2016/04/01/catalunya/1459527195_235096.html
