Y un poco de esa paciencia que, anhelamos, en esta oportunidad aparezca.
Después de la dictadura, el único realmente “refundador”, sin embargo, fue Raúl Alfonsín, que restauró la democracia.
Esperemos que lo vaya entendiendo y no revierta negativamente sobre una administración que necesita dos o tres años para apenas equilibrar el barco.
Mirado desde la larga duración braudeliana, el éxito alcanzado a lo largo de su historia avala ese optimismo casi orgánico.
La paciencia no es una virtud frecuente en un pueblo creativo.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/02/15/opinion/1455525792_939069.html
