Los dos sacrifican su intimidad por el espectáculo debido al amor, pero Pedroche resulta ser una loca a la que hay que salvar y Vargas un caballero con la pasión intacta.
Pero cuando se le riñe por hablar de su amor con tanta intensidad se olvida que en ese tema tiene la misma autoridad Pedroche que un Nobel, pongamos Vargas Llosa.
Luego me preguntan por la NASA y digo “a ojo de buen cubero” cuántos tornillos lleva un cohete.
En aquella época no le daba la razón a nadie; ahora es peor: ahora se la doy a todo el mundo.
Un día le hice ver al escritor Carlos Casares su escaso compromiso público con asuntos ajenos a la literatura.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/03/29/opinion/1459278432_777139.html
