La tengo muy presente porque atañe a mi ocasional trabajo temporero como bestia de carga de la palabra escrita: guionista de culebrones.
Entre las mucha singularidades latinoamericanas hay una que quizá no luzca relevante, cuando se la compara con tanta matanza, tanta corrupción, tanta desigualdad, tantas adolescentes embarazadas, tantos periodistas muertos, tanto autobús repleto de pobretones que rueda al fondo del barranco.
Todo ocurre en una sala de deliberaciones; todo este argumentar y refutar y volver al ataque hasta convencer te mantiene en vilo durante 110 minutos.
Esto, en el caso de un juicio justo y ceñido al debido proceso.
Hace muchos años hice la misma pregunta a un gurú del oficio y me sorprendió con una disquisición que aquí comparto con el lector porque me pareció muy bien pensada y sugerente.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/10/11/america/1476222372_121659.html
