Como muy bien describió Obama lo sucedido, se trata de “un acto de terror y odio”.
Se produce además en un momento extremadamente delicado de la política interior del país, con unas elecciones presidenciales en ciernes.
Es más, los colectivos vulnerables —civiles en una sala de fiestas, un restaurante, el metro o un aeropuerto— son los objetivos escogidos.
La masacre es una nueva demostración de que absolutamente nadie está libre de la amenaza del radicalismo.
Omar Siddique Mateen, el autor de la matanza, era un homófobo declarado —y en la órbita de las investigaciones del FBI— según ha reconocido su familia, un odio que encontró en el mensaje radical islamista una proyección letal.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/06/12/opinion/1465757390_337312.html
