Lleva boina calada ligeramente de lado y la mirada parece ver algo a nuestras espaldas.
Camine directamente hacia los ojos del hombre que viene de frente.
Con las manos a la espalda, viene hablando solo y a párrafos lentos.
Es como si nos traspasara con la mirilla acuosa de sus ojitos azulados.
De pronto, parece fijarse en uno y todo se vuelve de blanco y negro.
Fuente: http://elpais.com/ccaa/2015/10/16/madrid/1445030130_686004.html
