Las empresas de la familia Macri estuvieron entre los grandes contratistas de obra pública –el motor principal de la corrupción.
Su celo nuevo responde al cambio de Gobierno, que responde sobre todo al humor social: en la Argentina actual la frase “que vayan todos presos” es un equivalente menor de aquel “que se vayan todos” que –dirigido a los políticos– encabezó la crisis de 2001, precursora de la antipolítica.
La corruptela sirve para justificarlo: no sería el sistema el que produce esa pobreza sino sus fallas, sus delitos.
Sorprende lo torpes que fueron: como si hubieran creído que nunca nadie los investigaría, o les hubiese faltado astucia para hacerlo bien.
Así que no es preciso repensarlo sino limpiarlo, corregirlo, y ese lavado traerá la solución de estos problemas.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/04/12/actualidad/1460482679_921779.html
