Porque St. Aubyn parodia a Welsh, pero no se aparta ni un milímetro de otras tradiciones de prestigio.
A St. Aubyn su fama lo precede.
Aquí un autor punzante como St. Aubyn no arriesga nada: la sátira endogámica, centrípeta, tampoco sirve para visibilizar la cara cojitranca de la sociedad en su conjunto.
Acabo el libro y me restriego los ojos: estoy viendo a St. Aubyn que se ríe y entra en el salón de baile cogido de la mano de Michiko Kakutani, crítica de The New York Times.
St. Aubyn hace observaciones ingeniosas que nos remiten a una elocución wildesiana ya algo gastada: “Hacía una cosa mucho más emocionante que acostarse con ella: daba a entender a la gente que se acostaba con ella”.
Fuente: http://elpais.com/cultura/2016/03/29/babelia/1459266639_534057.html
