La sinrazón sindical del convocante (la radical CGT) se acentúa si se contrasta con los significativos esfuerzos de la alcaldesa Ada Colau —también de origen radical— por evitar el conflicto.
Otra cosa es que la cúpula de la organización privada se quejase, con razón.
Desmedida porque su verdadero objeto parecía ser la firma de un convenio, que se prorroga con retoques desde 2012.
La huelga ha sido desproporcionada porque TMB no recortó ni plantillas ni sueldos, sino aumentó estos en un 1%, un alza de la capacidad adquisitiva salarial dada la inflación cercana a cero.
Pero careció de ella Cristina Cifuentes arrimando el ascua a su sardina: las ciudades españolas no deben hacerse competencia oportunista.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/02/24/opinion/1456344416_897330.html
