Al menos desde mediados de 2013 se aprecia una pérdida paulatina de efectividad en las políticas de control del tráfico por carretera.
La política de tráfico de los últimos años ha consistido en aumentar la presión sobre el conductor; se le hizo saber que en caso de incumplimiento de las normas de tráfico la sanción era segura, drástica e insoslayable.
En cualquier caso, la siniestralidad depende también de otros factores más difíciles de corregir sobre los que no se actúa con contundencia.
La Dirección General de Tráfico tendrá que aclarar si en los últimos años se ha conservado o si los conductores perciben que el control (sanciones, radares, presencia policial) se ha relajado.
Aparte de las pérdidas humanas, cuya responsabilidades atribuirán los jueces, se trata de saber si la política de tráfico, un éxito reconocido a partir de 2004, mantiene su eficacia relativa o bien debe ser renovada con otras orientaciones.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/03/24/opinion/1458845963_086747.html