MujeresTsunami: el libro para entender a las mujeres feministas

Tsunami: el libro para entender a las mujeres feministas

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Mael Vallejo

Más que una ola esto es un tsunami: 12 mujeres, de muchos ámbitos y edades, a quienes unen las letras y la necesidad de contar qué y cómo es ser mujer en un mundo donde los hombres seguimos ejerciendo el poder.

Tsunami, con edición y prólogo de Gabriela Jáuregui, y que publica Sexto Piso, suma voces distintas pero complementarias: Margo Glantz y Cristina Rivera Garza; Brenda Lozano, Sara Uribe y Verónica Gerber; Daniela Rea, Vivian Abenshushan, Yasnaya Elena Aguilar Gil y Yolanda Segura; Diana J. Torres y una jovencísima Jimena González.

No hace falta conocer a todas las autoras para disfrutar de esta lectura. En realidad, a ninguna. Los textos hablan por sí solos: poesía, ensayo, diario, arte visual, documentos que navegan en todas las categorías. Todos, en conjunto, son olas que van creando el tsunami. Todas, al final, abren puertas que seguramente muchos teníamos cerradas.

Leer este libro como hombre debe ser una experiencia muy distinta a hacerlo como mujer. Leer este libro como hombre clasemediero con educación universitaria que vive en la colonia Roma de la CDMX debe ser muy distinto a leerlo como un hombre fuera de esa burbuja. Al final, para cualquiera, Tsunami duele pero sana al mismo tiempo: te hace enfrentarte con tu reflejo, te abofetea, para después mostrarte un camino.

Esta es una conversación con Gabriela Jáuregui, autora, editora y prologuista, sobre este tsunami.

–¿Por qué era necesario este libro?

–Por tragedia. Es una tristeza que sea necesario. Me encantaría que pudiéramos haber reunido a todas estas mujeres a hablar de zapatos, o de café, o de lo que fuera. Sin embargo, vivimos un momento de violencia de género muy extrema en un país donde mueren seis mujeres al día. ¿De qué otra cosa podríamos hablar? Está muy cabrón. Esa violencia extrema va permeando muchas capas de la sociedad y la vida cotidiana. Todos los textos hablan de esa mancha que permea todo. La urgencia de hacerlo es el momento que atravesamos.

–Leer este libro, como hombre, deja muy claro los conflictos que existen por el simple hecho de ser mujer. ¿Este es un libro de denuncia?

–Por momentos es un libro que denuncia estas violencias que surgen por el hecho de ser mujer. O si no violencias, problemas que no surgen en ningún otro caso. Pero también es un libro de reflexión y de imaginación: cómo nos imaginamos, cómo resistimos y también de nuestra esperanza.

–¿Este tsunami es la suma de todas las olas feministas?

–Estamos en la cuarta ola, pero no es como que las mujeres de la segunda ola ya se murieron, afortunadamente. Siguen dialogando y metidas en la realidad. Entonces esas primeras olas están conviviendo con la tercera, con la cuarta, y con quienes no se asumen en ninguna de ellas pero sí tienen algo que decir sobre el tema. Por eso es que también ampliamos el espectro a todos los rangos de autoras posibles. Es decirles: vengan, aquí estamos y todas estamos preocupadas por cosas muy similares. Nuestras respuestas pueden ser muy distintas, nuestras soluciones ideales también. Sin embargo, a todas nos ocupa y preocupa lo mismo. Ahí nace ese tsunami.

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También tiene que ver con la marea verde, que es como han llamado al movimiento a favor de la despenalización del aborto en Argentina. Al final, a las olas las puedes frenar con diques, pero un tsunami no hay quien lo pare.

–Hay muchos momentos del libro que se sienten como una bofetada. ¿Esa es la intención?

–Las bofetadas están ahí por la situación que vivimos. Si al leer el primer texto te suena horrible lo que atraviesa una mujer que va a un taller literario promedio en la Ciudad de México, pues espérate, porque qué tal que eres una mujer indígena y entonces tendrás que preguntarte qué quiere decir ser mujer, qué quiere decir ser indígena y cómo te relacionas con lo que pasa con tu entorno. Cómo funciona ser feminista en un contexto en el que a la gente le preocupa el porcentaje de sangre indígena que tiene tu pareja. Son problemas que tienen que ver con tu territorio, con tu identidad más básica. Me siento muy agradecida como editora de haber podido tener el privilegio de tener acceso a textos de esta magnitud.

–¿Cómo decidiste quiénes iban a participar en el libro?

–Invité a todas las autoras que están y a un par más. Y justamente una de las cosas que me hicieron darme cuenta que iba por buen camino con este libro, y que era muy necesario, es que todas me dijeron que sí. Quienes no estuvieron fue porque no tenían el tiempo suficiente. Pero todas teníamos ganas de tomarnos el espacio de reflexionar sobre esto. A todas las que invité son mujeres que leo, que admiro y, en casi todos los casos, mujeres con las que he trabajado.

No quería que fuéramos sólo mujeres que hemos vivido la misma experiencia y los mismos privilegios o falta de ellos, sino que hubiera muchas experiencias distintas: que no todas fueran de la Ciudad de México, no todas de clase media, no todas heterosexuales; tampoco todas vivimos el género o nuestros cuerpos de la misma forma, y no todas tenemos la misma edad: hay 70 años de diferencia entre la mayor y la menor. Lo que quería es que se abriera la burbuja lo más posible.

–El primer texto habla sobre el machismo que se vive en los talleres literarios. Es un texto muy duro con la industria literaria. ¿Por qué iniciar con él?

–Fue una coincidencia. Justamente para no privilegiar a unas sobre otras, las organizamos por orden alfabético, así que a ese texto le tocaba iniciar. Fue una coincidencia alegre porque parece que le estamos pintando huevos a toda la industria, pero fue realmente una coincidencia. No eran unos huevos intencionales, compañeros.

–Esta mezcla entre autoras muy jóvenes como Jimena González, que tiene 18 años, con otras muy reconocidas y mayores como Margo Glantz, ¿cómo funciona?

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–Buscamos que no hubiera una verticalidad obvia. Me siento muy privilegiada de que Margo haya aceptado participar, pero también en tener la voz de alguien con tanto talento como Jimena. Cada una tiene un lugar muy claro, lo dicen sus propios textos.

–Hay piezas visuales como la de Verónica Gerber que podría pensarse que rompen la solemnidad de los otros textos. ¿Por qué incluirla?

–Lo más divertido como editora es tomar riesgos: la invitación era abierta a hacer lo que quisieran. Lo cual también como autor implica riesgos, porque esa libertad puede ser complicada. Por ejemplo Daniela Rea, que es periodista, publicó el diario personal que escribe para sus hijas y es un texto brutal. Yo lloré con ese texto cada que lo leía. Está lleno de ternura y de vida. Ella bien podría haber entregado un texto de feminicidios o de desapariciones, o de mujeres que defienden el territorio, pero ella misma tomó un riesgo como escritora, periodista y mamá, y publicó algo súper íntimo. Todas tenemos muy claro que lo personal es político pero creo que aquí nos fuimos a lo íntimo.

–¿Por qué estos temas están en la agenda pública pero la industria editorial parece no tenerlas en el radar, salvo en contadas excepciones?

–Hay algo positivo en este tema. Los diálogos, acciones y reflexiones serias estaban pasando en dos lugares distintos: en la calle, con las mujeres organizándose; y por otro lado en la academia, con muchas de las pensadoras que se mencionan dentro del libro, que están haciendo seminarios, coloquios y publicando libros importantes. Sin embargo, la academia tristemente a veces se queda en ese mundo y falta un puente entre la calle, la base, y el mundo académico. Y justo los libros de divulgación no estaban llenando ese vacío.

No había esa reflexión intermedia con un lenguaje menos académico que llegara a las bases. Porque cuando estás organizándote en la calle muchas veces llegas a tu casa a dormir solamente, a las 3 de la mañana, después de haber estado marchando. ¿A qué hora te vas a sentar a escribir un artículo, un poema o un ensayo? Ya lo diste todo. Y al día siguiente de nuevo sales a acompañar a mujeres que fueron violadas, o a acompañar a unas madres que están buscando a sus hijas desaparecidas.

Justo este libro era una oportunidad para darnos ese tiempo, sentarnos a hacerlo. Era un pretexto: si nadie te dice “mira, aquí hay una lanita, tómate este tiempo”, pues a qué hora lo vas a hacer.

Lo negativo es que casi nadie está publicando estos libros. Y quizá es porque al frente de muchas de las editoriales están hombres. Y hay hombres muy fregones, muy aliados, pero esta prioridad y urgencia que nosotras tenemos no necesariamente les atraviesa personalmente, en su cuerpo. Quizá dicen “ah, pues estaría bien hacer un libro de eso, a ver si alguien me lo propone”. Pero no es urgente.

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