Sentado en un rincón, vigilado por los gendarmes que lo detuvieron hace ya seis meses bajo la acusación de filtrar documentación secreta del Vaticano, monseñor Lucio Vallejo Balda no deja de sonreír.
El juicio demuestra sesión a sesión que el Vaticano aún no ha decidido qué camino tomar.
Pero el gran chasco del casting se lo llevó con Vallejo Balda.
“Después de hablar con la doctora por teléfono”, coincidieron Pellegrino y Monaco, “monseñor Vallejo se ponía de mal humor.
El sacerdote y la relaciones públicas se suelen sentar muy cerca durante el proceso el incluso intercambiar gestos de complicidad.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/05/04/actualidad/1462354370_611480.html
