Ahora han comenzado con las pruebas de un barco no-tripulado, a veces denominado barco robótico, dron marino o vehículo autónomo de superficie.
Su objetivo: demostrar que es posible operar un barco de gran tamaño sin intervención humana, llevando a cabo misiones de forma completamente autónoma.
El barco autónomo más grande de estas características ha costado unos 120 millones de dólares y ha sido construido en unos astilleros de Portland (Oregón).
Tal y como dicen sus creadores, «la realidad es que no es necesario poner gente dentro de un barco de estas características».
Y es que lo que hoy es una prueba tecnológica podría ser algo normal y corriente dentro de algunas décadas.
Fuente: http://elpais.com/tecnologia/2016/05/05/actualidad/1462440524_562055.html
