Asistí por primera vez a la fiesta de Sant Jordi en Barcelona.
Resulta que, todos los años, el 23 de abril, las Ramblas de la capital de Cataluña se llenan de rosas, libros y gente.
Pero pareciera que de nada de esto se han enterado los apasionados lectores que concurrieron a Sant Jordi.
Pero en ninguna se respira el aire de alegría y civilización que se da en Sant Jordi.
Afirmar que estas costumbres han calado no le hace justicia a lo que sucede en Barcelona ese día.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/04/30/actualidad/1462022316_956487.html
