Pero los cuatro lados de la figura geométrica eran otras tantas pantallas que hacían de Beyoncé una diosa tamaño Olimpo.
Juego de dimensiones para decirle al mundo entero que ella está aquí solo para ser la más grande.
Solo faltó eso para aguar a sus competidoras y dar un último chapuzón a la multitud.
Era chicle para los ojos y solo los ojos merecían mascar aquel espectáculo más sensual que sexual, a veces oscuro aunque asequible, enorme y aún con todo sutil.
Y, tras dos horas, Halo marcó el final tras una última parte con agua en el escenario secundario en Freedom y guiño a Destiny’s con Survivor.
Fuente: http://elpais.com/cultura/2016/08/04/actualidad/1470263335_013441.html
