“Es una película que hablar sobre la práctica de matar en vacaciones.
En el documental aparecen varias cabezas de animales de fondo, colgadas en alguna pared, mientras los entrevistados por Seidl explican su visión.
El coste, entre viaje, estancia y la licencia para matar suele sumar varios miles de euros.
Zimbabue, Sudáfrica, Botsuana, Namibia y Tanzania aparecen entre los destinos favoritos, aunque también hay varios países africanos que prohíben esta práctica.
“No me interesaba tanto mostrar a los ricos, aristocráticos, los jeques y los oligarcas que disparan a los animales en África, sino al cazador común.
Fuente: http://elpais.com/cultura/2016/09/03/actualidad/1472929026_409594.html
