Colombia suele estallar por lo mismo de siempre, obstinada y ridícula, como si la rutina la tomara por sorpresa.
Estos años de negociaciones han sido, precisamente, la agotadora búsqueda de un acuerdo elemental: “nadie volverá a hacer política con armas”.
Tendrá que ver el país como lo ven afuera, y mudarse a Colombia desde su feudo imaginario.
Y por las violentas reacciones de cada día está claro que nadie tiene claro lo que se nos viene.
Es digno del Lejano Oeste –de mentes embotadas– hacer “pedagogía por la paz” con fusiles al hombro.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/03/02/colombia/1456877448_397440.html
