Paso Tabaco: sin grava, arena ni maíz

El río Santa Catarina era una de las 12 cuencas que concentraban 69 por ciento de los escurrimientos naturales de México, de acuerdo a un estudio de la CNDH. Ahora es un arroyo que no garantiza la humedad en las tierras de siembra de 10 pueblos, donde viven unos 6 mil habitantes. Su saqueo está ligado a familias políticas

Texto y Fotografía: Jacob Morales Antonio

Marco Hernández López, un indígena Nn’anncue Ñomndaa’ (amuzgo), mira la arena a su alrededor. Parece un valle de dunas en el desierto. Entre las elevaciones una delgada línea de agua corre. Es lo que queda del cauce del río Santa Catarina, en el municipio de Ometepec, en la Costa Chica de Guerrero.

Desde ahí recuerda como hace 25 años corría entre las milpas, se enredaba en las guías de las siembras de frijol, sandía y pepino y se refrescaba a la orilla de este río que divide a Guerrero de Oaxaca.

El río Santa Catarina era una de las 12 cuencas que concentraban 69 por ciento de los escurrimientos naturales de México, de acuerdo a un estudio de la Comisión Nacional del Derechos Humanos (CNDH). Ahora es un diminuto arroyo de agua que ni siquiera garantiza la humedad en las tierras de siembra de los 10 pueblos que hay a su alrededor, donde viven unos 6 mil habitantes, según los censos oficiales. Paso Tabaco, habitado por unas 80 personas, es el pueblo más cercano al río, los separan 400 metros.

La razón de esta sequía en su caudal es la explotación de grava y arena, que en el ámbito industrial se conoce como material pétreo. Su extracción de los ríos es una práctica autorizada desde las oficinas del gobierno federal a empresarios gavilleros que, en el caso de Guerrero y Costa Chica, está ligada a familias de políticos de la región.

“Recuerdo que el río estaba con más agua, con más humedad, ya horita la humedad se está yendo porque el río está más bajito. Antes el agua corría a lo ancho, todo estaba verde, lleno de arbolitos, ni los cerros estaban secos”, dice Marco.

Hace 25 años, siguiendo los recuerdos de Marco, fue una de las mejores épocas para el río y las familias que vivían a su alrededor, porque al año lograban hasta tres cosechas de maíz, frijol, sandía y pepino sin tener que regar los sembradíos.

En Paso Tabaco poco a poco la tierra se secó y enterró no sólo la comida de 25 familias, también la única forma de obtener dinero. Las siembras servían para comer y mantenerse.

En la actualidad el río es una tercera parte de lo que era hace 20 años (300 metros de anchura), sólo en épocas de lluvia mejora su apariencia escuálida.

Para desgracia de los habitantes, las lluvias anteriores agudizaron el problema de los humedales. El sedimento que conocen como arenilla, excavado por las máquinas que saqueaban el material pétreo, fue expulsado por las corrientes a orillas del río y sepultó a más de un metro la tierra fértil, la tierra de siembra. Lo peor quizá esté por venir.

Paso Tabaco está ubicado a 15 minutos en automóvil de Ometepec, ciudad situada a cuatro horas de distancia de Acapulco. Aun con su cercanía de la zona urbana, carece de casi todo. Para llegar hasta ahí hay que bañarse de polvo.

Ya la pobreza es visible. Las casas están construidas de lodo de barro, ligeras varas, lámina y de cartón. Pero lo más notorio es la unidad de sus habitantes, quienes hicieron saber que aun con su condición actual, ocasionada por la sequía del río, nadie se queda sin comer, porque comparten los beneficios de alguna cosecha.

Si al río Santa Catarina no lo hubieran saqueado, es muy probable que las familias a su alrededor no tuvieran problemas de autosuficiencia.

Ahora las tierras de siembra, donde hay principalmente maíz, están cercados con alambres puntiagudos y cortantes. Deben cuidar con esmero cada planta, porque la tierra está seca.

Los saqueadores

La lucha por la defensa del río, y con eso su propia subsistencia, llevó a los habitantes de las comunidades alrededor del río a crear en 2009 el Frente de Comunidades en Defensa de los Recursos del Río Santa Catarina.

Sus intentos por frenar el saqueo del río no es una tarea fácil para los habitantes de la ribera, porque ya les han hecho saber que no están dispuestos a soltar el negocio. El mismo mes de la creación del Frente, donde organizaron varios bloqueos carreteros para denunciar el saqueo, uno de sus integrantes fue baleado en su rancho, ubicada en las inmediaciones de la comunidad de Huixtepec, Ometepec.

Desde entonces los integrantes viven con temor de ser blanco de la venganza por quienes están detrás del negocio que deja el río, pero siguen con la defensa.

Una de sus actividades más recientes, ocurrió en marzo del 2017, cuando bloquearon la carretera que conecta a Ometepec con Paso Tabaco y pararon las máquinas y retroexcavadoras con que los empresarios explotaban el material pétreo del río.

De alguna manera su lucha ha tenido algunos ecos.

El 7 de abril del 2010, a propuesta de dos diputadas federales de la entonces bancada del PRD, Florentina Rosario Morales y Leticia Robles Colín, el Congreso de la Unión exhortó a la Comisión Nacional del Agua (Conagua) para que propiciara el respeto al estado de derecho haciendo cumplir la Ley de Aguas Nacionales y evitara la extracción ilegal de material pétreo del río Santa Catarina.

En el documento se señala a tres empresas y empresarios comercializadores de material de construcción, como las responsables de la explotación del río: “la ciudadana Francisca Montalván, propietaria de la central de materiales Ferretera Cruz Azul y de la Casa de Materiales para Construcción Montalván; del ciudadano Norberto Rodríguez Cruz, propietario de la casa de materiales San Juan; del ciudadano Vicente Reyes Ortiz, propietario de Constructora Reyes; y del ciudadano Paul Nolasco Velasco”.

El empresario Jorge Sandoval Melo revela que en realidad son siete las concesiones otorgadas por el gobierno federal para explotar el río Santa Catarina. Una está a su nombre, y según su testimonio la consiguió legalmente en 2010, y con responsabilidades asumidas, entre ellas actividades de reforestación y campañas de concientización entre los habitantes sobre el cuidado del río.

Para el empresario la extracción de arena y grava del río Santa Catarina no es la razón de su condición actual, lo atribuye sólo a la tala de árboles en los cerros.

Por cierto, Sandoval Melo fue subsecretario de Desarrollo Rural durante el año 2014, es decir, en un periodo de la administración estatal anterior.

Sobre los concesionarios expuestos en el exhorto también son importantes algunas precisiones. Francisca Montalván es madre de los actuales alcaldes de Ometepec, el priísta Efrén Adame Montalván (2018-2021) y el de Marquelia, Javier Adame Montalván (2018-2021).

Efrén está casado con la tres veces alcaldesa de Xochistlahuaca, otro municipio de la zona amuzga de Guerrero, la priista Aceadeth Rocha Ramírez, a quien habitantes de comunidades de la región han señalado de explotar de forma desmedida el río Santa Catarina, en este tramo de la Costa Chica.

 

 

Las consecuencias del saqueo

Los impactos que causan el saqueo de arena y grava con grandes máquinas de un río, van desde el derrame de líquidos aceitosos, que de manera inmediata acaba con la vida acuática, hasta la reducción de sedimentos que fertiliza suelos río abajo, lo que detiene el ciclo normal del afluente, de acuerdo con el experto en Ciencias Forestales, Octavio Klimek Alcaraz.

El ambientalista sabe que existe daño, pero también admite que hay pocas herramientas para desmenuzarlas, porque no conoce que las instituciones realicen estudios para medirlo. “Tengo la impresión que no se está haciendo en Guerrero, no se está midiendo todas las series y variables. Tendríamos que estar viendo qué impactos hay, hasta el momento es como en el viejo oeste, se extrae con gran demanda”.

A su juicio, lo ideal sería que se estableciera como regla qué cantidad de material pétreo podría extraerse de los ríos sin generar un daño ambiental. “Que las concesiones no sean necesariamente en términos de temporalidad, sino cuánto te puede soportar el río, y revisar si los impactos han sido mínimos”, menciona.

Después planteó lo que podría ser el trasfondo del saqueo de grava y arena de los ríos: “tenemos que revisar de qué tamaño es el negocio en términos económicos”.

 

 

Los ríos en México

De acuerdo con el Estudio sobre la protección de ríos, lagos y acuíferos desde la perspectiva de los Derechos Humanos de la CNDH de 2018, el volumen de agua dulce renovable anual es de 446 mil 777 millones de metros cúbicos que cada año sufre variaciones en su cantidad por la creciente población.

Para propósitos administrativos, la Conagua ha definido 731 cuencas hidrológicas de una red hidrográfica de ríos y arroyos de 633,000 kilómetros de longitud. De las 13 regiones hídricas, tres pasan por Guerrero.

El estudio advierte que de las 731 cuencas hidrológicas 104 muestran problemas de disponibilidad. Los problemas en materia hídrica se deben a una mala gestión de las aguas: sobreexplotación, sobreconcesión y contaminación.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) revela que 48,236.4 hectáreas del territorio de Guerrero están ocupadas por cuerpos de agua; 69 ríos y seis lagunas, además de cinco presas. El río de Santa Catarina no es el único en Guerrero en el que confluyen conflictos ambientales y sociales.

En el río Balsas, considerado de los más importantes y que además cruza por las regiones Norte y Centro,  existe un impacto por la minería que se desarrolla en la zona, según el testimonio de los habitantes. Las familias asentadas cerca del río Papagayo, es decir la parte rural de Acapulco, desde hace más de 16 años mantienen un movimiento en contra de la construcción de la hidroeléctrica La Parota. Del río Atoyac, cauce de la Costa Grande, se seca de a poco por la deforestación en la Sierra.

 

Santa Catarina aún tiene esperanzas de salvarse

Marco, quien toda su vida se ha dedicado al campo como su padre, aunque él ahora siembra menos, es el comisario del pueblo y desde ahí empuja la recuperación del río.

En sus recuerdos mantiene el panorama de hace tres años y es muy probable que eso lo haya hecho reaccionar: un débil caudal solitario, maloliente, con lunares de aceite y peces moribundos en las orillas, porque el camarón desde mucho tiempo atrás desapareció.

Con los bloqueos de carreteras promovidas por el Frente y el cierre del paso al río que los habitantes generaron con cercas, los pueblos lograron detener el saqueo de los empresarios. “Como las tortugas, de poquito a poquito pero ahí vamos”, dice Marco.

Ahora las orillas del río comienzan a enverdecer, pero hay zonas completamente muertas, donde la arena quedó desnuda y reseca. Ahí mismo se ven cerros de arena como huellas de la explotación que insisten en frenar aún con los riesgos.

La defensa de los recursos naturales es una bandera llena de complejidades. Esto lo conocen los integrantes del Consejo de Ejidos y Comunidades Opositoras a la Presa La Parota (Cecop) y policías comunitarios de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC), que durante 16 años se han opuesto a la hidroeléctrica, obteniendo persecución y cárcel.

A lo lejos, Marco señala hacia uno de sus vecinos que riega la tierra donde ha sembrado sandía y melón. En medio de un sol radiante sobresale un arcoíris que deja el rocío de una máquina de riego que hace años era impensable, cuando el caudal del río era prominente.

Aun con el panorama, el comisario se esperanza en que el río pueda recuperar sus mejores años de vida, pero de pronto lo invaden los malos recuerdos.

El comisario comenta que en 2005 dos jóvenes de la región murieron ahogados en el río, por dos hoyos que dejaron las máquinas que explotaban el material pétreo. Los muchachos intentaban cruzar el caudal. Hubo más personas ese mismo día en riesgo, pero se salvaron de aquellas pozas de la muerte.

 

Este reportaje fue elaborado por el equipo de Amapola. Periodismo transgresor. Se autoriza su reproducción siempre y cuando se cite claramente al autor.