Pongo solo unos ejemplos: Dicen que Adolfo López Mateos, fue el Presidente más enamoradizo que ha tenido México. Lo mismo hicieron sus funcionarios de ese entonces. Durante el sexenio de Salinas de Gortari, se vivió una complicada crisis política, personal y hasta familiar, lo mismo vivieron muchas familias. Con Vicente Fox, las ocurrencias nacieron, y a partir de entonces la relajación política se hizo. Con Felipe Calderón, se disparó el consumo de alcohol, los secuestros y los asesinatos. Con Peña Nieto, La frivolidad y la incapacidad intelectual fue evidente.

Todo lo que hicieron los presidentes en su momento, repercutió en muchas familias mexicanas. Siempre ha sido así. Todo lo que hace o dice el hombre que posee la investidura más importante, se tiende por todo lo extenso del país, y casi siempre los ciudadanos repiten lo que hace el de arriba. Esto puede ser para bien o para mal.

Por ejemplo, al presidente López le da urticaria lo que publican los columnistas, y se queja, casi todos los días en las mañaneras, del periódico reforma, del financiero, y de todos aquellos que han tocado su imagen, la que él considera que debe ser intocable.

Cada día, su referencia en contra del periodismo sube de tono. Al criticar a los medios, manda un mensaje directo la población, para que ésta censure o silencie a todo aquel crítico en su contra.

La visceralidad de López Obrador, en nada se parece al regaño de López Portillo, cuando dijo: “no pago para que me peguen”.

Sus mensajes diarios mañaneros, son para decirle a México, que es necesario silenciar a los periodistas, excepto a aquellos aplaudidores o cargadores de inciensos. Y sale inmediatamente la jauría de chairos, quienes toman la misma condición y el tamaño criminal de los periodistas que festejaban la sangre de la noche de Tlatelolco.

Los asesinatos y las amenazas a periodistas han aumentado en la misma proporción a las palabras del presidente. Sin embargo, nadie del gobierno federal ha dicho una sola palabra respecto a este tema.

A la mayoría de los mexicanos nos sorprendió que el presidente, el hombre más importante de este país, se sintiera perturbado por “El Chapo” Guzmán, solo porque le dieron cadena perpetua, uno de los mayores criminales de la historia. Pero por la muerte o las amenazas a los periodistas de México, lo tiene sin ningún cuidado.

Les pongo el siguiente ejemplo, nada más para que le midan el agua los camotes: en una de las mañaneras, el periodista Carlos Domínguez, hijo del periodista del mismo nombre, quien fue asesinado en Tamaulipas, le exigió al presidente el esclarecimiento del crimen de su padre, pero Sanjuana Martínez, la encargada de la agencia Notimex, se atrevió a disfrazar a Raymundo Ramos como periodista, sin serlo, claro, para que ridiculizara al comunicador muerto, y para burlarse del dolor del hijo.

De ese tamaño es el odio presidencial hacia los comunicadores.

Esta es una partecita de lo que comenzamos a vivir dentro de la Cuarta Transformación, y eso que, todavía faltan muchas otras cosas peores que vivirá el país.

 

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