La vida social de las enfermeras puede llegar a complicarse un poco. Dice La Enfermera Saturada (Satu, para los amigos) que por lo menos la suya sí lo es debido a que trabaja en una modalidad de eventual mucho más extrema que nosotros en el H.G.D.A.V. y sus horarios suelen ser una locura. Pero no son solo las guardias las causantes de esas complicaciones de las que hablo, suelen serlo también algunos hábitos propios de su profesión que en ocasiones trasladan a otros aspectos de su vida distintos a su trabajo.

Resulta que cuando se presenta un paciente para ser atendido la enfermera lo observa atentamente pero por favor no vaya usted a emocionarse, tómelo con calma, vamos, continúe siendo paciente… no se deje llevar por las exageraciones sobre el Síndrome de Florence Nightingale, también llamado Efecto Florence Nightingale, aunque médicamente no es un síndrome como tal con todas las de la ley y dejando de lado que Miss Nightingale en realidad nunca se enamoró de uno de sus pacientes, consiste a grandes rasgos en que una persona al cuidado de otra desarrolla sentimientos románticos por ella, aunque también puede ocurrir al revés y quizá esta variante sea lo más usual, un ferviente apego del enfermo a la persona que lo cuida. Ya en vida de Miss Nightingale en el año de 1857, el poeta estadounidense Henry Wadsworth Longfellow escribió sobre ella:

“Los heridos en la batalla,
en lúgubres hospitales de dolor;
los tristes corredores,
los fríos suelos de piedra.
¡Mirad! En aquella casa de aflicción
Veo una dama con una lámpara.
Pasa a través de las vacilantes tinieblas
y se desliza de sala en sala.
Y lentamente, como en un sueño de felicidad,
el mudo paciente se vuelve a besar
su sombra, cuando se proyecta

en las obscuras paredes.”

Donde retrata la devoción que puede llegar a sentir un paciente por la persona que le brinda cuidados. El de la enfermedad y la convalecencia son momentos que el primero suele vivir con intensidad, muchas veces lindando con la desesperación, y si en ese momento llega alguien casi a darte cobijo, a desvelarse dándote sus atenciones es natural que nazca entonces una enorme gratitud. Aunque uno sepa como paciente que a final de cuentas es un trabajo por el que le pagan no puede dejar de pensar que no obtiene nada extra por ser amable, por dedicar unas palabras de aliento o por prestarse aunque sea unos momentos para escuchar. Yo sé lo que se siente, no sólo como paciente, sino como familiar de uno de ellos. En una ocasión una personita a la que quiero mucho enfermó y necesitaba una inyección, era ya tarde en la noche y estaba lloviendo, el medicamento lo teníamos pero faltaba quien lo pudiera aplicar. Recordé entonces que una persona que era mi vecina era también enfermera así que me atreví a ir a tocar su puerta y pedir su ayuda. Y aceptó. Y así en el frío de aquella noche y bajo la lluvia fue a ayudarnos. En ese momento no contaba con la cantidad con la que me hubiera gustado, y con la que sería adecuado corresponder a su gentileza porque acababa de comprar los medicamentos así que le ofrecí lo que tenía. Ella no quería tomarlo pero insistí, le dije que seguramente no era el monto apropiado pero que de todos modos para mí no había suficiente en el mundo con qué pagarle y demostrarle mi gratitud, que en ese momento era mi heroína. Y finalmente aceptó.

Yo creo que en realidad es poco frecuente este síndrome anteriormente mencionado, además de no ser lo más apropiado aunque por supuesto, caras vemos, corazones no sabemos… no conozco tan a fondo el medio de la enfermería así es que desconozco cuán usual  puede ser en realidad. Pienso que algo que sí puede ser más frecuente es que una enfermera empatice fuertemente con determinados pacientes o que sienta compasión especialmente por algunos de ellos, es cierto o al menos esa impresión tengo, que es muy común que se forme temporalmente un fuerte vínculo entre ellos pero que se enamoren no lo es tanto como en el imaginario colectivo. ¿Y por qué es que llega a ocurrir? Pues creo que puede ser la exacerbación de un sentimiento muy natural que seguramente fue muy útil para la subsistencia de la especie; el sentir por un desvalido, la piedad con el necesitado, la solidaridad con el que sufre que termina siendo la motivación para brindar asistencia. Se podría decir que muchas veces las enfermeras sienten amor por sus pacientes pero no generalmente en un sentido erótico sino aquél que en el concepto latino se conoce como caritas mientras que el griego nos remite a la manifestación del amor conocida como ágape, que junto con philos (amistad) forman lo que a mi juicio es nada menos que el amor total (eros, philos y ágape). No creo, como dicen, que se trate de distintas formas de amor sino más bien considero que son diferentes manifestaciones de un mismo sentimiento, pienso que así es porque al final de cuentas se termina ofreciendo algo: Lealtad, amistad (philos), asistencia, solidaridad (ágape) y la propia persona, físicamente (eros). En fin.

Decía entonces, que uno podría equivocarse al notar que la enfermera lo observa con cierto interés, pero mantenga la calma (¡ni que tuviera tanta suerte, ja!), lamento ser quien rompa algunas ilusiones pero si lo hacen es con el fin de analizar lo que se llama habitus exterior en busca de cualquier indicio que ayude a identificar su padecimiento.

El habitus exterior es el conjunto de datos obtenidos de la inspección general, es decir a simple vista sin realizar ninguna otra maniobra de exploración física y sin ningún interrogatorio, entre los aspectos a observar tenemos:

  • Edad aparente.
  • Posición.
    • Bipedestación (de pie).
    • Sedentación (sentado).
    • Decúbito (acostado).
      • Dorsal o supino. (Sobre la espalda).
      • Ventral o prono. (Sobre el vientre).
      • (Sobre uno de sus costados).
    • Biotipo morfológico. También conocido como estado constitucional, que es el la combinación de factores físicos, psicológicos y fisiológicos en los cuales interviene la herencia y el medio ambiente. (Lucía Carrera, Biotipo morfológico o estado constitucional, https://prezi.com/lnqwiiypv26c/biotipo-morfologico-o-estado-consitucional/)
    • Arreglo personal.
    • Estado nutricional.
      • Emaciación (adelgazamiento patológico).
      • Desmedro (peso por debajo del correspondiente a la talla).
    • Piel y anexos.
      • Coloración.
      • Hidratación.
    • Facies (expresión facial, coloración, etc.).

(Juan José García García, El mensaje epidemiológico del habitus exterior del paciente, http://www.ejournal.unam.mx/rfm/no53-6/RFM053000603.pdf).

Supongo que ésta práctica de observar atentamente muchas enfermeras han de trasladarla a situaciones cotidianas ya que se puede volver un hábito, lo cual puede dar pie a equívocos sobre todo en personas que no sean especialmente perspicaces y tiendan a pensar en modo simplista, que a mi parecer hay muchas, por desgracia. ¡Vamos, muchachos! Que puede haber miles de razones para que otra persona les sonría cortésmente y les diga “Buenos días” y seguramente ni una sola tendrá que ver con lo que ustedes puedan considerar su “atractivo personal”. ¡Así que por favor mantengan la calma y ubíquense!

Adrián Lobo.

adrian.lobo.om@gmail.com | hospital-incurable.blogspot.com | facebook.com/adrian.lobo.378199