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Denunciar violencia de género en Puebla: el laberinto imposible
Por Alianza de Medios
25 de noviembre, 2021
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Al intentar denunciar delitos relacionados con la violencia de género en Puebla las mujeres se enfrentan a un sinfín de obstáculos, revictimización, violencia e incluso amenazas: esta es la historia de un laberinto burocrático y de dolor a través de algunas voces

Por: Aranzazú Ayala Martínez | Foto de portada: Olga Valeria Hernández | Lado B

Puebla lleva años ocupando los primeros lugares nacionales en violencia familiar, feminicidio y trata de personas, y por la alarmante situación de violencia de género la entidad tiene activada en casi un tercio de sus municipios la AVGM.

Sin embargo, el acceder a la justicia y a una vida libre de violencia sigue siendo casi imposible para miles de mujeres. Estas son las voces de cinco mujeres, algunas de las tantas que hay.

Así se da la violencia

Yanelli fue violada en 2016 y denunció a su agresor, quien fue detenido y encarcelado. Desde que lo detuvieron recibió un sinfín de amenazas por varias vías hasta que sujetos armados entraron a su casa, la violaron y golpearon por haber denunciado a su primer agresor. De estos últimos ninguno ha sido detenido.

Recuerdo que cuando sufrí la primera agresión, en los servicios de salud tenía que hacerme estudios médicos de VDRL [prueba serológica para la sífilis], de VIH, de control de enfermedades por transmisión sexual y el químico me dijo: “¿Traes cita?”. Le expliqué que la noche anterior me habían violado y me dijo: “Pues a mi no me importa lo que te haya pasado. Si no traes cita no te puedo atender”. Me señaló la puerta y me dijo: “¿Qué no sabes leer?”. Y sí, la puerta tenía un letrero que decía: “No se atiende sin cita”. A pesar de que le mostré mi receta de urgencias no me atendió. No me atendió hasta que lo reporté.

Ana (cuyo nombre fue cambiado por seguridad), cuenta cómo su hermana sufrió acoso y agresiones desde pequeña, lo que escaló conforme a su edad.

Cuando iba en el bachillerato unos tipejos vecinos de donde vivimos la empezaron a acosar. Horrible. Le decían cosas horrendas. Y le aventaban piedras hacia la papelería (antes teníamos una papelería); en ellas iban hojas con obscenidades y mi mamá las llevó a la agencia del Ministerio Público de La Popular. Y solo se burlaron de ella. Le decían que no le habían hecho nada. Que eso no era prueba y estuvimos mucho tiempo esperando, varias veces y nunca nos dieron siquiera una constancia de hechos.

Para ese entonces ya estábamos solas (solo éramos cuatro mujeres). [Los agresores] nos abrieron un bochito que teníamos y le vaciaron aceite y lo desvielaron. Mi mamá habló con la madre del chamaco que era como el cabecilla y ella le dijo que eran sólo niños; ya tenían sus 16 años o menos, pero eran terribles, eran cuatro.

Reyna (cuyo nombre fue cambiado por seguridad), sufrió violencia psicológica y física por parte de su ex pareja durante años en Puebla.

Reyna: Hubo dos altercados físicos; en uno de ellos sí me lastimó la espalda y sí tenía justamente un comprobante de la consulta, de que me había lastimado. Uno [de los altercados] me trae consecuencias; hasta ahora, me generó una fisura en la espalda, porque el güey me aventó contra las escaleras. De eso tenía yo una consulta del doctor, no tenía estudios porque obviamente estaba alienada y no me dejaba trabajar, entonces yo no tenía dinero. Yo fui al MP sobre la 17 poniente, estaba antes lo que era el Instituto Poblano de la Mujer. Pues yo dije, yo creo que ahí me pueden ayudar.

La hija menor de edad de Aby fue atacada a golpes en el local donde trabajaba, después de haber sido víctima de acoso sexual por parte de su patrón. Pese a la evidencia de golpes y el parte médico y dos denuncias por la agresión, su caso sigue sin justicia. A ella la ayudaron, por eso sigue aquí.

Y a Paola (cuyo nombre fue modificado por seguridad) un amigo le reventó un vaso en la cara en una reunión.

Las faltas a la hora de denunciar

Al denunciar violencia de género, desde abuso sexual hasta agresiones, las mujeres en Puebla son revictimizadas por quienes trabajan en la Fiscalía General del Estado (FGE). Muchas veces ni con las pruebas en mano las Carpetas de Investigación (CDI) avanzan.

Yanelli: Desconocemos los procesos. No te explican. No te dicen: “Bueno, ya pusiste tu denuncia; ahora esto es lo que sigue, nos vamos a comunicar contigo”. La mayoría de las veces, al menos en mi caso, yo era la que se tenía que estar comunicando con las autoridades para que me dijeran cómo iba mi proceso, para que me dijeran ahora a dónde tenía que acudir para que avanzaran los temas.

Me entra mucho esa duda de ¿por qué si ellos y ellas saben cómo se hace esto, no lo hacen bien? ¿De verdad es tan complicado? Incluso he tratado de ser comprensiva desde esta parte; sé que tienen mucho trabajo, pero no les estoy pidiendo un favor. A final de cuentas son servidoras y servidores públicos. Les están pagando.

Ana: Al final como no la dejaban en paz [a Ana] ni a la casa, pues mi mamá no sé a quién le preguntó y contrató a un judicial. Ese señor un día le llevó al cabecilla y le preguntó qué quería que hiciéramos con él. El chamaco agresor hasta se orinó y le pidió disculpas a mi mamá y pues mi mamá le dijo que ya había visto [él] que por sus hijas [ella] no se iba a medir, y desde ese día la dejaron en paz a mi hermana. Pero sólo así, porque hacer una denuncia nunca se pudo.

Aby: Siento que el proceso de las denuncias han sido muy lentas. Me han dicho que porque hay mucho trabajo, muchas denuncias, pero he visto que hay cosas que se pueden hacer en menos tiempo, y no se hace. Ha tardado mucho en que se capture todo lo que se necesita para seguir con la denuncia. Prácticamente las trabas me las ponen en el Ministerio Público, porque no se ponen de acuerdo. Que yo tengo que llevarle el testigo, las pruebas. Y no se ha hecho nada. Trabas, claro que hay trabas. No te hacen caso, te hacen dar de vueltas, y sigo yendo, y sigo yendo.

Prácticamente me la he pasado todo este tiempo tratando de hacer todo, no faltar, hacer todo a lo que me mandan. He tenido el contacto del asesor jurídico pero no he tenido como tal comunicación, llevo más de dos meses sin comunicarme con mi asesor jurídico. Sigo viniendo y me siguen diciendo lo mismo: “es que falta un papel”, le pregunto qué se va a hacer, me dice: “déjeme ver, usted no tiene testigos ni nada”. ¿Y las lesiones, las fotos, todo lo que hemos traído no cuenta, no se va a hacer nada?

Reyna: No tenía realmente a dónde ir ni nada y fui al Instituto Poblano de la Mujer, me recibió una señora que tenía ahí como a varias pasantas. No era grosera ni nada, pero pues ya le expliqué cómo estaba mi pedo y me dijo, básicamente: “mira, o sea, para que no perdamos tiempo tu denuncia no va a proceder si tú no muestras algún tipo de golpe, moretón, hueso roto, lo que sea. (…) Lo que yo haría es demandarlo por abandono de hogar”. Pero me dijo: “tienes que sacar tus cosas a la calle y sacar fotos, o sea, tú vas a alegar, cuando hagas la denuncia, que te sacó a la calle, porque de otra manera, con tu recetita del doctor y tu testimonio no va a proceder”.

Tenía un chingo de miedo, estaba muy desprotegida. Si yo quisiera demandar, no podría porque no tengo realmente pruebas y en ese momento tampoco las tenía y además no iba a falsearlas. (…) No era capaz (…) Entonces, pues le dije que no iba a hacer nada de eso y me dijo que realmente no había cómo hacerle. Entonces sabes qué me dijo: “pues entonces lo único que puedo hacer es darte un libro”, y me pasó el audio libro de ‘Por qué los hombres aman a las cabronas’.

Paola: Ya me habían advertido que iban a ser algo insensibles [las autoridades] que pues la verdad no toman como que mucho interés a veces estos casos, y pues sí. Yo fui a poner mi denuncia a la primera vez a la Fiscalía, la que está ahí por Plaza Dorada, por lo mismo que te digo que como no era mi pareja, pues me mandaron ahí; llegué y al principio no me atendieron porque tenían muchos casos y que ya no les iba a dar tiempo. Me dijeron: “regresa mañana”.

Los daños no solo son físicos, sino emocionales y económicos

Las mujeres víctimas de violencia de género no solo se enfrentan a daños a la hora de la agresión, sino que luego viene un desgaste físico al momento de denunciar, pero también emocional e incluso económico.

Yanelli: De cierta manera, estamos hablando de un desgaste físico, emocional y también económico; porque ir a las diversas instituciones es una pérdida de tiempo. En mi caso, por ejemplo, después de que acontece este suceso de violencia, me quedo sin trabajo; empecé a ser dependiente económica de mi mamá otra vez y de cierta manera generaba gastos el que yo me tuviera que mover a la casa de justicia del municipio donde vivía, venir a la ciudad de Puebla, porque allá no contaban con los servicios de perito en dibujo, no había perito en psicología y me tuvieron que referir hasta la Fiscalía de aquí.

Aby: Ahorita mi hija no nada más está yendo con el psicólogo, está yendo con el paidopsiquiatra porque la tienen que medicar, porque ya es muy ansiosa, ya no quiere seguir con el proceso porque dice que no te hacen caso, que no se hace nada, que las cosas van a seguir igual y que yo sólo estoy perdiendo el tiempo, pero le quiero demostrar que no es así.

Ana: Un día estuve en la fiscalía, hace como dos años (…) Ese día vi cuántos casos de mujeres llegaron. Escuché tres. Y pues te das cuenta de cómo es la frialdad y la poca importancia que les dan cuando les explican dónde ir.

La romantización de la atención

Yanelli: En el proceso me encontré con responsables de las instituciones que me atendieron bien, pero creo que también eso se romantiza; el “buen trato” que te dan lo agradeces, pero al final de cuentas es su obligación y es parte de tus derechos y creo que eso está muy romantizado. Hasta te sorprendes, te pones feliz cuando vas y pones una denuncia: “Me trataron muy bien”. ¡Pues es que así debería ser siempre!

A pesar de esa consciencia que he hecho, en cierta manera sí les agradezco porque fueron personas muy sensibles y eso es lo que les falta a muchos servidores y servidoras públicos: la sensibilidad, la empatía. Porque de nada sirve que conozcan tantos temas jurídicos o de género si al final de cuentas sus prácticas son super incongruentes. De nada sirve que tengan un montón de estudios académicos si al final de cuentas la práctica, cuando las mujeres acudimos a las instancias o instituciones, nos revictimizan, nos violentan, nos culpabilizan, nos piden que hagamos cosas que no conocemos.

Es responsabilidad de todos y todas

Para mujeres como Yanelli, la sociedad también tiene responsabilidad sobre lo que le sucede a cada mujer violentada, es un problema que nos debería de tocar a todos y todas.

Yanelli: No necesitan haber más mujeres violentadas para que entendamos, creo que ya somos suficientes, ya hay demasiados malos antecedentes. Ese coraje que en algún momento surge de “¿hasta cuándo vamos a seguir las mujeres contando nuestros testimonios? ¿Hasta cuándo las mujeres vamos a seguir padeciendo no solo la violencia social, callejera, sino también la violencia institucional? ¿Cuánto tendremos que soportar para que haya un cambio? ¿Cuánto tenemos que sufrir para que esto se acabe? ¿Cuál es el precio que tenemos que pagar? Creo que no debería ser así. Con los casos que hay es más que suficiente.

También la sociedad tiene una responsabilidad bien grande; el ver la violencia contra las mujeres como un problema de todas y todos, es un problema colectivo porque al final de cuentas eso es: dejar las creencias de “la violencia que sufren las mujeres es solo de ellas y de quienes las están violentando”. Creo que esta parte debe acabarse y todos debemos involucrarnos. No esperar a que alguna de las mujeres cercanas a nosotros sea violentada o que desaparezca. Es difícil hacer consciencia de eso, pero tengo la esperanza de que algún día eso va a suceder.

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