Esos dos millones de personas inauguraron una urbanización feroz que rebasó los límites de la ciudad colonial.
Eso ha hecho que en menos de 20 años la superficie de Quito haya pasado de 166 kilómetros cuadrados a 453.
Los 50.000 parroquianos que vivían en la antigua ciudad se multiplicaron por cuatro para la segunda mitad del siglo pasado y por 10 tras el boom petrolero de los años setenta.
Las clases más acomodadas también han obligado a ampliar los límites hacia los valles cercanos, que se han convertido en sus residencias.
“El Bosque se construye para tener un nuevo punto de desarrollo donde el suelo pasa de costar 1 a 100 por la pura especulación”, apunta Ortiz.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/10/17/actualidad/1476674590_236348.html
