Comentar lo que dice Trump o recordar el complejo pasado político de Clinton es muy tentador para todas las televisiones.
En un país con cuatro husos horarios, los candidatos cruzan miles de kilómetros todos los días para abarcar todos los Estados donde el voto no está decidido.
Las cadenas de noticias consumen todas las horas del día en la campaña.
Las televisiones detectaron que la campaña iba a ser una bendición para subir las audiencias.
Se retroalimentan compartiendo encuestas, invitan a los mismos personajes y proyectan mapas que predicen los resultados sin descanso.
Fuente original: Pequeña gran pantalla | Internacional | EL PAÍS
