Que sepamos, Paul Ryan, el presidente de la Cámara de Representantes —y líder de lo que queda del sistema republicano— no es racista ni autoritario.
Estas han sido unas elecciones en las que, cada semana, se ha quebrantado alguna antigua norma de la vida política estadounidense.
E, independientemente de lo que haga Clinton, el bombardeo de falsos escándalos continuará, ahora acompañado de peticiones de destitución.
Sin embargo, está haciendo todo lo posible por convertir a un racista autoritario en el hombre más poderoso del mundo.
¿Cuál era el objetivo de este ataque contra los acuerdos y normas implícitos que necesitamos para que la democracia funcione?
Fuente original: ¿Quién ha dañado la política? | Economía | EL PAÍS
