Y hacían falta músicos (Lorca, Cohen, Sílvia) para aprehender esa sustancia.
Esa esencia musical, aérea, del Lorca más surrealista y más vital, más lorquiano, está en ese pequeño vals que Cohen acarició como si temiera romperlo.
Música de palomas y de soledad, de muerte y de coñac, habitantes de este vals de quebrada cintura.
El alma del poeta en algunos celajes de sus amigos, la anécdota de su vida, el drama.
Ahora publica (EL PAÍS también, casualmente) un disco en el que Lorca es músico de nuevo, porque esa es su sustancia, no es otra.
Fuente original: El pequeño vals vienés | Cultura | EL PAÍS
