Juchitán.- En el 2010, Julio Ortega se quedó sin empleo, laboraba como Arquitecto en la capital oaxaqueña, no tuvo otra opción que regresar a su natal Juchitán de los lápices, escuadras y los planos al papel, engrudo (pegamento elaborado con base en maicena) y tijeras convirtiéndose en artesano de piñatas y montó su taller PiñaTota.
En diciembre del 2010 fue el mes de la prueba, para Julio no hubo descanso, elaboraron decenas de piñatas sin contar con grandes conocimientos, sólo lo básico heredado de la abuela Teófila; para enero del 2011 decidió tomar el reto y montó su taller además de contratar a un joven como empleado y desde entonces en PiñaTotas el trabajo no ha parado.
A las 7:30 horas, Julio comienza su ritual y se acompaña de jóvenes trabajadores, en temporada alta como diciembre y abril (mes del niño y la niña) emplea a sus vecinas con el objetivo de ayudarlas en su economía, ellas pegan, cortan y arman las piñatas con la instrucción de su esposa Gladis.
“Amamos lo que hacemos, le hemos encontrado el gusto a las piñatas, a cada uno le ponemos nuestro mejor empeño, no hay uno igual, al contrario los papeles y las combinaciones son distintas y en cuanto a los personajes mucho más, porque requieren detalles que son inigualables” explicó Julio.
Julio y Gladis están contentos porque PiñaTota se ha posicionado, el trabajo arduo de pegar papel con engrudo en las ollas y en los globos no los cansa, duermen hasta altas horas de la noche y se levantan a seguir pegando y cortando, su mejor pago es al ver las sonrisas de sus clientes.
Fuente: Julio no pierde el tino y le da a PiñaTota | Especiales | El Imparcial
