En mi caso, soy la segunda generación de cineastas de Guelatao, vamos construyendo una historia común, llevando una continuidad en representar nuestro mundo desde “nuestra visión”.
Conocemos otras formas de hacer la vida, de organizarnos y de hacer arte en comunidad con sus retos, complejidades y ventajas, sostuvo la productora de la cinta Los años azules (2017) ganadora de más de 10 premios y nominada a mejor ópera prima en Los Arieles 2018.
La también directora del documental Tío Yim (2019) y cofundadora del Campamento Audiovisual Itinerante, la Red de Cines Comunitarios Aquí Cine, Jeqo, CineToo Lab y Brujazul, manifestó que “contar historias es algo tan antiguo como la humanidad misma. La herramienta del cine nos permite llevar a territorios lejanos las imágenes y sonidos que representan otras formas de habitar el mundo”.
Y agregó que “llevamos más de quinientos años reinventándos para sostener nuestras propias formas de hacer la vida y de entender el territorio que habitamos. La imagen misma ha sido una forma cruel de colonización”.
Sin embargo, ahora, con “puntos de vista diversos de las propias comunidades podemos descubrir rostros, formas e historias que nos hacen entender esas otras formas de habitar el mundo y también de curarnos del dolor y la tristeza, cómo es el bello ejemplo de “A través de Tola” y “Valentina y la Serenidad”.
“El territorio ahora llamado oaxaqueño es una tierra amplia y compleja con una larga lucha por sostener otra forma de entender nuestra relación con la naturaleza, hoy más que ayer peleamos porque se entienda que la explotación de la madre tierra tiene que parar”, añadió.
Respecto al extractivismo narrativo, como los demás formas de explotación, dijo que “son las nuevas formas de continuar el colonialismo, la de defensa de nuestra visión del mundo necesita que seamos nosotros los que llevemos a la pantalla grande nuestras historias, este territorio simbólico es el que se defiende.
¿Cómo defendernos del extractivismo narrativo?, se preguntó y se respondió:
“Todas la formas de violencia ocupan construir límites para no dejarlas pasar a nuestros territorios”.
¿Cuáles son los límites para extractivismo narrativo? Dependerá de la capacidad que tengamos para nombrar estas formas de violencia, de entender cómo funcionan y que las alimenta.
“Sin duda lo mejor que podemos hacer para defender nuestro territorio simbólico, (ese espacio donde habitan las historias de nuestras abuelas) es ver otros cines, escuchar las historias de las abuelas, conversas sobre nuestras formas de hacer la vida, disfrutar de nuestras formas de bailar y hacer música, defender nuestra propias formas de organizarnos, hacer el dibujo de nuestra historia y escribirlas”, puntualizó.
En el festival Internacional de Cine de Morelia se encuentran el largometraje de ficción:
Itu Ninu (Cumbres de maíz) de Itandehui Jansen que se presentará este jueves 26 de octubre.
De igual forma, se presentó “Valentina o la serenidad”, de la cineasta mixteca Ángeles Cruz en el Centro Cultural Universitario.
Antes, se presentó el largometraje documental “A través de Tola” de la cineasta Casandra Casasola; el cortometraje de ficción Xquipi (Ombligo) de Juan Pablo Villalobos Díaz; el cortometraje documental “Bucan Tu Rhachhidu’ (Deja lo que te espanta)”, de Luna Marán.
También fueron exhibidos los cortometrajes mexicano documentales Neón Cortex de Bruno Varela; Ajá (Agua) de Dennis Noel López; Boca vieja de Yovegami Ascona Mora y La Raya de Yolanda Cruz.
A ellas se suma Laboratorio de Desarrollo de Proyectos Cinematográficos para Cineastas Indígenas “El arte de limpiar”, de Blanca Martínez Castillo; Mudubina de Naila Paulina Cruz López y “Se escucha el viento” de Damián Dositelo Martínez Vásquez.
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