Me imagino la vida que hubiéramos tenido si el horror no hubiese llamado a las puertas de nuestras tranquilas casas en nuestros verdes pueblos en Bosnia.
Una llamada comenzó a fijar los primeros pasos que nos llevarían hacia España: “¡Estoy vivo, sano y salvo, me hallo en Croacia!
Sin embargo, no estaba feliz, varios compañeros quedaban atrás, la guerra continuaba, los pueblos seguían siendo devastados y las heridas internas difícilmente cicatrizarían.
Consigues salvar la vida, pero no los recuerdos que hasta ese momento formaban parte de los que eras.
Era el principio de los años noventa cuando comenzó la guerra en mi país.
Fuente: http://verne.elpais.com/verne/2015/09/28/articulo/1443455523_100725.html
