En la primera parte controló el juego con su aire de siempre, sus jugadas bien trenzadas entre los de arriba, que sin ser los titularísimos eran todos jugadores de tronío.
Remató 28 veces, tuvo la virtud de culminar sus escasos acercamientos en la primera parte y casi todos los de la segunda, en la que dominó.
Hasta el final todo fue un apretón amarillo, con De Gea una y otra vez diciendo que nones.
Pero De Gea estuvo inmenso, parando por alto o por bajo, y dejó sin premio tanto remate.
España hizo una primera parte buena y una segunda mala.
Fuente: http://opinion.as.com/opinion/2015/10/12/portada/1444684720_080481.html
