La situación de la guerra en Siria es tan desesperada que cualquier mínimo atisbo de solución constituye una esperanza a la que agarrarse para poner fin a uno de los conflictos más atroces del planeta.
Una posibilidad que, por ahora y como reconoció el propio Kerry, solo existe sobre el papel.
Indudablemente el alto el fuego es uno de ellos, sobre todo en un momento en el que las tropas del régimen de El Asad, respaldadas por la poderosa fuerza aérea rusa, están causando en la ciudad de Alepo una catástrofe humanitaria de consecuencias imprevisibles.
Es difícil, pero lo que exige la situación sobre el terreno es el compromiso claro de los combatientes y de quienes pueden presionarles —Moscú y Washington— de, al menos, frenar la matanza.
Y desde esta perspectiva debe contemplarse el frágil acuerdo alcanzado en la madrugada de ayer entre el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, y el titular de exteriores ruso, Serguéi Lavrov, para que dentro de una semana comience un alto el fuego entre las tropas del Gobierno de Bachar el Asad y las fuerzas rebeldes que le combaten.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/02/12/opinion/1455301424_676580.html
