El Papa Francisco llegó a México en un momento crítico.
Si lo hacemos, estaremos contribuyendo a que la herida profunda de tantos siglos empiece a sanar; estaremos logrando que esta nueva conciencia transforme para siempre la realidad no sólo de México pero también de América Latina y, ¿porque no?
El secreto del Papa es el mismo que han guardado los jesuitas durante siglos: apostar a la mínima probabilidad para que el milagro suceda.
El Papa Francisco ha pedido que no permitamos que la cultura del bienestar nos anestesie, volviéndonos incapaces de compadecernos ante las necesidades de los demás.
Por eso el Papa sorprende una y otra vez pues no dice ni hace lo que todos esperan, él se mueve en un plano donde todo es posible, el del corazón, el único logar donde puede sanar la herida profunda.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/02/15/mexico/1455563680_928086.html
