En su juventud, al comienzo de su exilio en Londres, Karl Marx se sirvió del cuento de Hans Röckle y el diablo para entretener a Jenny y Laura, sus hijas mayores.
En el cuento, Hans Röckle vivía acogotado por las deudas; las cifras de su juguetería estaban siempre en rojo.
Marx comenzó a improvisar por entregas las ocurrencias del juguetero prodigioso al regreso de sus excursiones dominicales al Hampstead Heath, el prado londinense.
Solo así, pienso yo, la trampa del diablo podría impedir a Röckle prosperar indefinidamente.
Como quiera que fuese, ese era el cuento que Marx narraba durante millas y millas para regocijo de sus hijas, y tal como él lo contaba, así os lo cuento.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/03/09/america/1457557149_543682.html
