Así que me he propuesto un reto doméstico: imitar a esa gente que consigue hacer de la comida un arte en Instagram.
He elegido una foto suya pero en realidad podría haber sido cualquier otra porque el art lattle inunda cualquier rincón de Instagram.
Gracias a Instagram he descubierto qué es el amasake, el curry en polvo o las semillas de cáñamo.
Y ya no voy a los restaurantes y me abalanzo sobre los platos de comida: antes saco el móvil para retratar el plato.
Y de todos los vicios culinarios que hay en Instagram me parece el más pretencioso y ridículo.
Fuente: http://elpais.com/elcomidista/2016/03/11/articulo/1457697287_525944.html
