En sus andanzas por nuestra América como desterrado político, José Martí tuvo la ocurrencia de venir a vivir en Caracas en 1881.
Carmita Miyares ya había dado, por cierto, descendencia al señor Mantilla, prole de la que Martí llegó a ser preceptor.
El señor Mantilla —que dicho sea de paso, no tenía un pelo de tonto— jamás perdió la ecuanimidad ni se enemistó con Martí.
Carmita seguramente quiso que Martí hallase en Venezuela, como otrora en México y Guatemala, un buen empleo bajo protección presidencial.
Llevaba ya algún tiempo batallando en Nueva York, cuando la primera guerra de Independencia (1868-1878) fracasó definitivamente, después de 10 durísimos años.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/03/22/actualidad/1458686762_333228.html
