La carta y la vidaEn cierto día de octubre de cada año, sonaba el teléfono en la casa de Mirta Colángelo:—Hola, Mirta.
El perro ‘Kanelos’Y en otra charla, en Atenas, ante los estudiantes del Politécnico, fui acompañado por un perro, llamado Kanelos.
Vivimos presos tras barrotes invisibles, traicionados por las máquinas que simulan obediencia y mienten, con cibernética impunidad, al servicio de sus amos.
Y las máquinas mandan también en las guerras, donde matan tanto o más que los guerreros de uniforme.
Pero mis amigos griegos me dijeron que Kanelos había muerto, hacía un año y medio.
Fuente: http://elpais.com/cultura/2016/04/06/babelia/1459943125_394703.html
